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Polvorín llamado Barça

Si todos pusiesen la mano en el fuego por este Barcelona, la mayoría, o quizá todos, acabarían abrasados y con quemaduras de gran índole. Lo de creer es relativo, y es que la racha del conjunto azulgrana iba en aumento y todos los culés soñaban con una gran noche en Europa, de esas noches que levantan a los aficionados de sus asientos, hoy desde el sofá, con la que borrar de un plumazo las fatídicas historias de Lisboa, Liverpool y Roma entre otras. La realidad fue distinta, el baño del Paris Saint Germain en el Camp Nou fue una puñalada más, otro punto negro en la historia culé difícil de olvidar. Siete goles encajados en dos partidos consecutivos en la Champions como local dicen y mucho de en qué punto se encuentra este Barça, sin margen de reacción y abocado a otro año más en la nada.

Lo de ayer, en cierto modo, se veía venir. Para mantenerse en la Liga da, para la Copa es suficiente hasta que aparece en escena un equipo de un nivel similar llamado Sevilla, pero en la Champions no hay princesitas ni cenicientas, hay ogros con mucha malicia y sin piedad. Sin Neymar y sin Di María, el conjunto parisino tuvo un líder llamado a heredar el trono del fútbol: Kylian Mbappé. El francés no dio opción a nadie y, salvo Ter Stegen en un par de ocasiones, ningún jugador vestido de azulgrana consiguió frenar la explosividad y la potencia del «7» galo.

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La crisis en Can Barça es evidente, y a la espera de la vuelta, todo parece indicar que la andadura del conjunto catalán en Europa tiene los días contados. La figura de Messi es clave, el argentino volvió a estar desaparecido y, pese al gol de penalti, el ciclo del rosarino está en su etapa final. Nadie sabe hasta qué punto los rumores de su fichaje por el PSG afectaron al «10», pero Messi se ha acostumbrado a no aparecer en momentos importantes y a pasar muy desapercibido. Sus acompañantes en ataque tuvieron una aparición testimonial, y ni Griezmann, poco participativo y muy errático, ni Dembélé, fallón y sin ese atrevimiento que le caracteriza, estuvieron a la altura. Pedri no tuvo la precisión de otros días, y tanto Dest en derecha como Jordi Alba en izquierda, claudicaron ante dos balas llamadas Mbappé y Kean.

El planteamiento táctico de Koeman fue arrollado por el de Pochettino, que guió el partido a la perfección de principio a fin. El técnico holandés se ha acercado esta temporada a lo que realmente necesita este equipo, pero en noches como esta se volvió a ver el gran déficit que posee el conjunto blaugrana: poca profundidad de plantilla. La llegada en verano del técnico neerlandés auguraba grandes cambios en la esfera azulgrana, pero las limitaciones económicas y la desestabilización en la directiva han provocado un cambio mínimo, si no es nulo.

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La salida de Bartomeu fue un alivio en Barcelona, pero la etapa sin presidente y el aplazamiento de las elecciones han dejado al club en un standby permanente sin una cabeza visible que haga y deshaga. El sostenimiento económico del Barcelona está en serios problemas, y las filtraciones del contrato de Messi, imposible de sostener, y los sueldos astronómicos, ocupando una masa salarial del 80%, imposibilitan la llegada de jugadores de renombre y de gran cartel en Europa. El preacuerdo con Eric García es un hecho, y los rumores de las llegadas de Depay y Wijnaldum a Barcelona se mantienen, teniendo así que vender jugadores a precios de mercado y buscando soluciones a corto plazo.

La situación en Can Barça es un polvorín, y el batacazo de ayer en Champions es una causa más del annus horribilis que se presenta de aquí en adelante…

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